“Moción de censura popular”

Dice el borrador del Proyecto de Ley Valenciana Universitaria 1/2012, de Responsabilidad Política, en su capítulo 3. De la moción de censura popular, que “se establece la Moción de Censura Popular, en el marco de la Iniciativa Popular, reconocida en el artículo 87.3 de la Constitución Española”. Y añade que “para admitir la Iniciativa Popular, se deberá recabar al menos las dos quintas partes del Censo Electoral”, iniciativa que se votará en el Pleno de Les Corts y que, de ser rechazada “será el pueblo mediante referéndum quien dirima”.

No se trata de una ley orgánica. Ni si quiera se trata de un Proyecto de Ley que haya sido planteado en Les Corts ni ningún otro parlamento español. Se trata de una iniciativa ciudadana, en el marco del Parlament Universitari, una muy interesante iniciativa en la que participan las siete universidades de la Comunitat Valenciana y que hoy he tenido oportunidad de conocer en la ronda de contacto con los partidos políticos que los jóvenes de Parlament UPV están estableciendo. Son ellos precisamente, el “Grupo Parlamentario” que representa a la Universidad Politécnica de Valencia y que ha alcanzado en 2012 la posibilidad de “formar gobierno” y sacar adelante su propuesta sobre responsabilidad política.

Resulta un inmenso placer volver a la UPV, que ha sido mi casa durante tantos años (demasiados), y encontrarme con este grupo de jóvenes con las ideas tan claras y con propuestas políticas diseñadas para mejorar la vida del ciudadano y potenciar la regeneración democrática y la participación.

Pero entremos en materia. Hablemos de política. Analicemos la propuesta.

¿Sería viable en un estado democrático moderno como el nuestro una figura tan controvertida como la que proponen estos estudiantes? ¿Aceptarían los partidos políticos mayoritarios una cláusula como esta que les sometería a una evaluación continua? ¿Sería buena para la democracia esa presión o convertiría, sin embargo, la política en una aun más acalorada y continua campaña electoral que se centrara en hacer lo que los ciudadanos quieren oír?

Realmente no tengo respuestas para estas preguntas. Bueno, para algunas sí. Es obvio que los dos partidos mayoritarios (y también los partidos pequeños que gobiernan en sus respectivas autonomías) se negarían en redondo a ceder tanto terreno ante la ciudadanía.

¿La Soberanía Popular en manos de los ciudadanos? ¿Pero qué es esto?

Sí, los ciudadanos tenemos ese poder cada cuatro años mediante unas elecciones (claramente mejorables). Pero, ¿qué pasa si una vez elegidos a nuestros representantes, Gobierno y oposición se ponen de acuerdo en cambiar su discurso y conducir al país hacia donde ellos estiman que deben hacerlo aunque sea contrario al “contrato programático” con el que llegaron a sus escaños?

Ejemplos como el de Grecia están todavía en nuestras retinas, donde observamos que partidos de distintos colores han cambiado la melodía de su discurso, cuando han llegado al Gobierno, al son que marcaba la Unión Europea y el Banco Mundial. La reacción del ciudadano, en ausencia de esta controvertida figura de la Moción de Censura Popular no ha sido otra que la moción de censura en las calles, los disturbios, los asaltos al parlamento… y la consecuente puesta en peligro del sistema democrático en su sentido más estricto.

La propuesta debatida en Parlament Universitari tiene varios matices que la transforman en una clara cláusula final para usar únicamente en caso de emergencia nacional, y que evitarían que unos partidos u otros pudieran instrumentalizarla para tumbar un gobierno desgastado por la toma de decisiones controvertidas, como podría ser el caso actual de España o de la Comunitat Valenciana.

Me sumo al análisis que hacía Rafa Soriano acerca de la propuesta en cuanto a que surge de la total desconfianza de la ciudadanía en la clase política en su conjunto. Tan poco nos representan nuestros representantes que queremos poner cláusulas de rescisión del contrato democrático que establecemos con ellos. El ciudadano se siente huérfano y desconfía de unos partidos y otros, que se alternan en el poder sin tener un guión claro, sin tener un discurso convincente e ilusionante que les muestre una perspectiva de tranquilidad y les transmita responsabilidad y confianza.

No sé si la Comunitat Valenciana, o España, o Europa, necesitan una cláusula de este tipo, pero de lo que no me cabe duda es de que el ciudadano medio está comprendiendo y pidiendo a gritos que la clase política debe dejar de ser una clase aparte. El ciudadano les exige, nos exige, que bajemos a la tierra y miremos a nuestro alrededor, que revisemos nuestros ideales (a aquellos que los hayan tenido alguna vez) y nos autoanalicemos.

Yo, modestamente, trataré de escuchar estas propuestas y estas iniciativas, e invito a quien pueda estar interesado, a seguir la evolución del trabajo de estos jóvenes en su web y su Twitter (parlamentUPV.webnode.es y @parlamentUPV), cuyo borrador será enmendado el próximo día 27 de abril con las propuestas de los demás “grupos parlamentarios” del resto de universidades de la Comunitat.

David Junquera Hernández

17/02/2012

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De la calle al Parlamento

No tenía pensado escribir.

De hecho no tengo tiempo para ello con la vorágine de la precampaña, el trabajo, etc, pero las circunstancias y los sentimientos me han hecho contestar a un mail de una buena amiga de manera larga y espero que clara. Y creo oportuno lanzarlo también por aquí.

Mi amiga, compañera de una asociación muy asamblearia (cada vez más movimiento social) en la que me he criado los últimos diez años y de la cual sigo siendo socio, me escribía un mail explicándome la importante implicación de la asociación con el movimiento 15M y considerando que este movimiento es imprescindible para regenerar la vida política del país. Esta explicación venía a cuento de un mail anterior mío en el que le comentaba que tengo miedo de que el movimiento 15M esté descapitalizando (en medios y en personas) a las que hasta ahora han sido las asociaciones más activas y reivindicativas, pues esa es una sensación que he tenido recientemente.

Yo tampoco estoy segura de como terminará pero lo valoro muy positivamente porque tal y como está el sistema, o hay un cambio muy muy profundo de políticas y de políticos/as, o mal vamos...”, me comenta ella.

“Ya sé que esto no te va a gustar mucho, y ya se que tú y muchos/as de los que están contigo no están por eso,  pero creo que mucha gente de la que está en política es por ganar dinero y realmente les importa dos pitos todo. Y, si no, ¿por qué los sueldos de los políticos no podrían ser como los sueldos de los que trabajan en las ONGs (no precarios, sueldos razonables) y la gente que se meta en política sea porque realmente se lo crea? ¿Porque entonces no habría políticos? O que los políticos no tengan que tener ninguna formación para serlo…

Mi respuesta ha sido la siguiente, y es lo que siento:

Te pido disculpas por la parrafada que te viene, pero tenía que decirlo. Me apetece decirlo y creo que es necesario decirlo. Por eso estoy donde estoy, partiéndome la cara a diario en UPyD.

Me parece bien que haya implicación de la asociación en el 15M. Si no, ya no sería socio. Soy bastante consecuente con lo que hago y creo que sé donde estoy. Me sigo considerando socio de la asociación con orgullo.

Lo que veo con miedo es que el 15M no llegue a nada, y en el camino se hayan despoblado las asociaciones. Espero que no ocurra nunca eso, aunque circunstancias recientes me han alertado.

Los políticos deben tener sueldos normales, uno solo a ser posible, deben estar fiscalizados completamente y deben ser transparentes todas sus decisiones y gastos. Además deben estar solo unos años (8 máximo por puesto, por ejemplo, propone UPyD) para evitar que se vicien y consigan prebendas de terceras personas y facilitar la renovación de ideas en los puestos de dirección, y tener experiencia laboral previa. No como Camps, por ejemplo, que a los 18 años ya era concejal (2 años exige UPyD a sus candidatos)

Pero tampoco hay que ser utópicos. Los mejores profesionales, por muy buen corazón que tengan, te van a pedir al menos un sueldo digno para asumir un puesto político. Si decidimos que los políticos tengan sueldos ínfimos, entonces estaremos fomentando la empresa privada, pues las empresas públicas estarán peor gestionadas.

Obligando a que los políticos no puedan eternizarse en sus cargos permites que esas personas bien preparadas, aquellos que de verdad entran en política por buena voluntad (por ayudar a su país), puedan echar un cable unos años y luego volver a sus puestos de trabajo. ¡Basta de políticos profesionales!

Evitando que los partidos políticos (y sindicatos) no reciban subvenciones escandalosas, obligándoles a fiscalizar cada euro que reciban del estado o de la empresa privada, también evitas que estén controlados por oscuros personajes que llegan a la política para enriquecerse o medrar, y que les importa bien poco el bien del país.

Por cierto, el 15M es un movimiento político. El oficio de político no sólo es apasionante sino honorable. El problema es que algunos lo han ensuciado con su actuación, los partidos se han dejado contaminar y, hoy por hoy, es una basura con tintes dramáticos.

Pero los que hoy integran el 15M y otros movimientos son equiparables, o eso quiero pensar, a aquellos que lucharon por la Democracia en los años 70-80. Los que integran el 15M son políticos, porque hacen política, y eso les honra.

Hace falta regenerar la vida política del país de arriba hasta abajo, con nuevas ideas, mucha más implicación de la ciudadanía en el día a día, votando, dando opción a consultas públicas sobre temas de interés, ampliando el número de escaños en el parlamento y rebajando los porcentajes mínimos para conseguir el escaño, para que haya más partidos y más voces representadas… Llevamos 4 años pidiéndolo.

Este es nuestro manifiesto fundacional. Tiene ya cuatro años y sigue en pleno vigor. Lo firmaría cualquier integrante del 15M si no viera ese logo magenta. http://www.upyd.es/fckupload/file/pdf/manifiesto.pdf

Este es el programa con el concurrió UPyD a las generales del 2008. Mucho antes de que existiera el 15M, solo nosotros pedíamos regeneración democrática, despolitización de las cajas, eliminación de gastos superfluos, modificación de ley electoral para que haya más representatividad en el Congreso y en los parlamentos autonómicos, recuperación de algunas competencias por parte del Estado (las sociales principalmente, Educación, Sanidad) para que todos los ciudadanos de España tengan acceso a los mismos derechos y servicios…

http://www.upyd.es/fckupload/file/Programa%20electoral%202008/Programa%20Electoral%202008.pdf

Considerar que todos los políticos son iguales es un error de bulto que puede conducir al país a un escenario lamentable en el que la gente no diferencie entre unos y otros y siga votando la misma mierda de siempre.

La Democracia y la Libertad nacen en la calle, pero deben llegar al Parlamento.

Y aquí te dejo algo de historia del origen de UPyD, fundado hace bien poco a partir de varios movimientos cívicos que un buen día decidieron dar el paso y marchar “de la calle al Parlamento”. http://www.turpial.com/images/dossier/15.pdf

                                                                                                                                 David Junquera Hernández
                                                                                                                                                   Valencia, 18/10/2011
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“La política del sufrimiento”

Correr. Avanzar siempre hacia adelante. Sentir como los metros y kilómetros van quedando detrás. Respirar.

Controlar el ritmo de avance tratando de ser constante. Tenacidad.

Mantener una postura siempre equilibrada, firme, erguido, sin aspavientos, sin distracciones ni pérdidas de energía en temas colaterales. Controlar la respiración. Notar cómo cada bocanada de aire es totalmente aprovechado, sin excesos, sin prisas, en su justa medida. Observar.

Los árboles, ciclistas, peatones, otros observadores. Avanzar.
Comprobar a cada kilómetro que puedes superar un más. Sentir tu cuerpo.
Reconocer tus músculos, su trabajo, su cansancio o excitación. Exigirles más. Notar su mejoría y sentirte recompensado por ello. Sufrir.

Saborear el salado sudor que produce mi frente. Agradecerle a la brisa el alivio de su soplo. Seguir adelante. Persistir. Afianzar abdomen y hombros para mantener la postura correcta. Imaginar que el hilo del guiñol estira de mi cabeza hacia arriba y de mis rodillas hacia adelante. Sonreír porque notas cómo tu cuerpo reacciona positivamente a tus órdenes, cómo el sufrimiento se mitiga al funcionar todo el sistema con armonía.

Seguir sufriendo, sintiendo de verdad tu cuerpo y el control que ejerces sobre él.
Abrazar con los labios esas gotas de agua que despejan la sequedad de mi boca. Sentir cómo el aire entra fresco después, regenerado, nuevo. Hinchar los pulmones más allá del movimiento reflejo. Tomar conciencia del poder casi absoluto que ejerces sobre ti mismo. Sufrir si no lo consigues. Recular. Bajar el ritmo. Volver a poner orden y seguir a la carga. Seguir sufriendo.

Sufrir, sufrir, seguir sufriendo.

“El sufrimiento es imprescindible, el dolor es opcional” (Haruki Murakami)

Jamás pensé que una simple palabra, una sencilla acción, “correr”, encerrara tal cantidad de matices, de sensaciones; que tuviera la capacidad de hacerme consciente de tantas cosas, de mí mismo, del funcionar armónico de todos mis “yos” como uno único, un mecanismo perfecto, un engranaje diseñado al milímetro.
Sí, disfruto sufriendo. Creo que todos lo hacemos. Todos participamos de algo que, aun haciéndonos sufrir por su dureza, su complejidad, ó su casi imposible consecución a veces, genera en nosotros un sentimiento de superación, y muchos otros como acabo de describir, que tornan el sufrimiento en colateral, en camino único insobornable que nos sentimos atraídos a tomar.

Correr, la monotonía de tu vida, el trabajo, la política. Sufrir, siempre sufrir. Siempre elegir caminos, tomar decisiones, marcar ritmos y tiempos, superar adversidades, evaluar tu entorno y tratar de reconducirlo y aprovecharlo para conseguir tus objetivos. La vida es sufrimiento y superación. La vida está llena de sentimientos positivos generados por el sufrimiento.

Para mí es apasionante descubrir cómo mi otro gran hobbie, mi otro gran vicio, otra de las patas fundamentales de mi vida, la política, me resulta cada día más parecido a correr.

Sufrir, luchar, descubrir nuevas sensaciones, tratar de entender cómo un grupo humano puede funcionar como uno sólo. Apasionarse, progresar, engranar. Empezar a ubicar cada una de esas pequeñas partes que componen el todo, el partido, la política, la sociedad. Unirlas, examinarlas, aprenderlas.
Así, confío en continuar sufriendo por mucho tiempo con estos dos aspectos de mi vida, que se han convertido, rápidamente, en fundamentales.
Próximos objetivos: media maratón de Valencia, 23 de octubre, Elecciones Generales, 20 de noviembre.

David Junquera Hernández
16/09/2011

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“Jo no t’espere” (Yo no te espero)

La Jornada Mundial de la Juventud 2011 de la Iglesia Católica (JMJ11) tiene lugar esta semana en Madrid. Aún no ha llegado el Papa y ya se me está haciendo esto eterno.

Desde el pasado viernes, miles y miles de jóvenes peregrinos, mochila y guitarra al hombro, se han repartido por toda la geografía española para disfrutar y conocer un poco nuestro país aprovechando tan importante, para ellos, evento. En Valencia, más de 12.000 peregrinos han cambiado por completo el panorama de la ciudad, que andaba algo apagada como suele ser costumbre en estas fechas, salvo por el elevadísimo número de turistas, principalmente italianos, que nos visitan desde hace algunos años, y que mantienen un ambiente bastante vivo durante todo el año.

Doce mil jóvenes de multitud de procedencias han dado color a las calles y los parques. Los que solemos correr por el viejo cauce del Turia los hemos visto en manadas, repartidos en círculos sobre el césped de los jardines, comiendo, bebiendo, descansando o incluso cantando y bailando al ritmo de sus siempre a mano guitarras.

Hasta aquí todo bien. Siempre es bueno que gente de todo el mundo visite nuestra ciudad, nuestro país, y hemos de ser buenos anfitriones y hacer que su estancia sea grata.

Aunque sea un turismo de mochila, que no deja un céntimo en alojamiento ni restauración porque el bocata de choped es su mejor aliado, seguramente alguna horchata se habrán tomado y algún paquete de choped se habrán comprado en el Consum, o habrán comprado algún imán para el frigorífico de aquellos que tienen la forma del toro de Osborne ó de la Ciudad de las Ciencias. Así que bueno, damos la bienvenida y que la estancia sea positiva para todos.

Lo que no me gusta, efectivamente, es el motivo de su visita y, más concretamente, la estrella invitada a la que vienen a venerar.

Una buena amiga, católica practicante, me daba la razón hace unos días y me dejaba una gran frase, que comparto. Me dijo algo así como que le gustaría ir a un encuentro de similares características pero que, dada la persona a la que venían a ver, su moral cristiana no se lo permitía. Y añadía un comentario sobre el estilo de concierto de Shakira del que está envuelto todo este encuentro.

Y no, el señor Joseph Ratzinger no es Shakira. Y, aunque quizá comparta similares giros de voz…, no tiene su simpatía y desde luego no mueve las caderas de la misma forma (o eso espero)

Los éxitos y valores de este señor son otros, seguramente algunos muy positivos y loables, pero otros, desde luego, no lo son tanto desde mi punto de vista, y me hacen ser muy crítico con la visita de este Jefe de Estado.

Y es que creo que no debemos dejar de recordar que este Jefe de Estado considera la homosexualidad no sólo un pecado (lo cual como no creyente, me la refanfinfla) sino algo “opuesto al bien común”, poco menos que una enfermedad o una maldición por la que, “los sanos”, deben rezar. Y lo que verdaderamente más me crispa: se trata de un Jefe de Estado capaz de visitar los países africanos más atacados por la epidemia del VIH-SIDA y lanzar proclamas cavernícolas en contra del uso del preservativo, echando por tierra el trabajo de organismos internacionales, asociaciones, voluntarios e incluso misioneros (los que trabajan de verdad por los valores cristianos).

Y con estas perlas, y obviando otras relacionadas con las pedofílicas costumbres de algunos de los suyos y su silencio y ocultismo al respecto, el Estado Español y la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid, lo reciben con los brazos abiertos, llenan los edificios públicos con cartelería de un acto privado y sectario, aplican rebajas y derrochan en subvenciones para los que vienen al evento. Y, para más INRI, las teles que siempre se pasan de rojeras, compran en exclusiva los derechos de la emisión del evento. ¡Qué país!

Poderoso caballero es Don Dinero, que consigue que la ética desaparezca, y que la crítica se reduzca a las tertulias deportivas o a los programas basura de la tele.

Pues bien, recordando el lema usado en Valencia con motivo del Encuentro Mundial de las Familias de 2006, con presencia igualmente de Benedicto XVI,  le diré a este señor, que “Jo, no t’espere” (yo no te espero)

David Junquera Hernández

15 de agosto de 2011

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Aún queda mucha tela por cortar

21/07/2011

El señor Camps se ha ido por fin.

Los que llevamos mucho tiempo pidiéndoselo estamos contentos aunque la motivación de esta decisión del ex-Honorabilísim President, (que dejó antes de ser Honorabilísim, que President) no sean precisamente elogiosos.

Lo ha dejado bien claro en su altivo y chulesco discurso. Uno más de los que nos tenía acostumbrados. No se va porque la imagen de un President imputado y obligado a ir al banquillo de los acusados por un delito de cohecho sea demasiado castigo para la institución que representaba. No lo hace por los ciudadanos que pierden la fe en las instituciones públicas. Ni siquiera lo hace por aquellos que depositaron, por tercera vez consecutiva, su confianza en forma de voto en las urnas no hace ni 2 meses. A estos últimos, seguro que muchos de ellos, poco menos que los ha engañado y vendido con su dimisión. Así me lo ha expresado uno de ellos hoy mismo.

El señor Camps, dice, se ha ido por su partido, por el posible daño que todo este asunto le estaba haciendo, y le podía hacer a mucha mayor escala en caso de adelanto electoral, y porque, digan lo que digan, desde Génova llevan tiempo demandándoselo.

Se ha ido porque le convenía dentro de su estrategia de no ceder un ápice. Se marcha dando giros y piruetas de última hora que han dejado sin habla a los mandos de su partido a nivel nacional, y sin argumentos ni decoro a los otros imputados en la famosa causa de los trajes, que se verán obligados, por culpa del ex-Honorabilísim, a sentarse en el banquillo incluso habiéndose confesado ya culpables.

Esto no acaba aquí. Efectivamente, aunque el PP se apresure a decir que con esta dimisión se traslada toda la presión a los juicios y causas pendientes del PSOE, aún hay mucha tela por cortar. ¿O es que alguien duda que nos traerán escenas propias de un serial televisivo aquellos días en que veamos en el banquillo a Costa y Camps? Sobre todo si, como parece, coincide en el tiempo con una precampaña que se promete dura, sucia y sin descanso. Vamos, puramente “rubalcabesca”.

¿O es que alguien piensa que el señor Camps va a cambiar de actitud y va a deponer su altivez una vez nombrado mártir de la causa? Ya no sólo es el mejor President que haya tenido la Comunitat, como dicen sus fans de partido (pues no son meros compañeros), si no que, con su sacrificio por el partido, algunos piden ya casi su beatificación. El insigne President de Les Corts, Juan Cotino, no podía ser otro, ha llegado a comparar la figura de Camps con la de Galileo Galilei, juzgado y condenado por decir aquello que después fue demostrado como cierto, o incluso con la del inestimable presidente Adólfo Suárez. Aquí, discúlpeme Don Juan, pero ha meado usted fuera del tiesto un rato largo.

Y queda mucha tela por cortar…, no sólo la de los trajes, sino la de todo el entramado sucio y contaminado que llevaban detrás los amigos del alma del ex-Honorabilísim. Aquellos amigos que fueron expulsados de Génova porque nadie allí se fiaba de ellos; aquellos que organizaron todo tipo de eventos, para lo terrenal y lo divino.

Quizá el crucifijo de Cotino viniera a tratar de purificar el ambiente claramente negativo que se respiraba en Les Corts Valencianes, tanto por las dudosas amistades del siempre puro ex – Honorabilísim, como por la mala conciencia de haber aprovechado la visita del representante de Dios en la Tierra (nada más y nada menos) para, presuntamente, haber financiado al partido.

Por cierto… ¿tiene usted la factura de sus crucifijos, señor Cotino?

21 de julio de 2011

David Junquera Hernández

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Tonto peligroso e inconfosmista

Los políticos son vistos por la ciudadanía como uno de los mayores problemas de su día a día. ¿Es esto normal? ¿Es esto aceptable?

La corrupción, el despilfarro y las prebendas de los políticos, la falta de la más mínima capacidad de autocrítica y de escucha para con los ciudadanos conscientes, determinan la imagen altiva y distante que se tiene de la clase política. ¿Es esto habitual? ¿Es esto asumible?

Nos mienten. Sí. Nos mienten. Lo sabemos. Saben que lo sabemos. Y no ocurre nada.

No ocurre nada cuando engañan nuestra inteligencia abordando debates estériles y sin calado, promoviendo discusiones sobre temas que no nos preocupan o no ocupan una posición prioritaria en la escala de valores de un ciudadano consciente.

¿Y esto nos preocupa? Bueno, sí, eso dicen las encuestas. Aunque no dicen lo mismo las audiencias, que han terminado por relegar a un segundo o tercer plano los debates y programas de análisis político, para ensalzar hasta lo más alto, a lo más bajo, básico y ajeno a la realidad.

La realidad pasa de ser aquello que ocurre y nos concierne, a ser aquello de lo que no quiero saber nada porque cuanto más sepa más lo querré desconocer.

Esta es la España actual, desde el punto de vista de este ciudadano que lucha por la consciencia. Una España adormilada, cada día más conformista, cada día más sumida en su propio caos desorganizado, hipotecada por muros económicos y sociales cuyos ladrillos continuamos colocando a nuestro alrededor, poco a poco, y sin darnos cuenta. Muros altos, gruesos y sin salida. Los españoles construimos sin pensar, sin proyecto de futuro y sin expectativa. Todos hemos construido nuestra pequeña porción de muro sin pensar que, en algún momento, en algún lugar, había que dejar una puerta por la que salir, había que dejar un mirador para observar.

El ciudadano crítico, que salta de vez en cuando para mirar por encima de ese cada día más alto muro, encuentra cada vez mayores complicaciones para hacerlo.

El ciudadano adormilado, jodido pero contento, desoye a los conscientes y los desmoraliza, tratando de evitar que nadie le saque de su plácida y cómoda, pero mortal, alienación.

¿Y ahora qué? ¿Aprendemos alemán y nos vamos para volver a empezar? ¿Damos por perdido a todo un país y varias generaciones de jóvenes supuestamente “superformados” en cuanto a conocimientos, pero objetivamente “superdeformados” en cuanto a espíritu crítico y de superación?

La respuesta para el ciudadano consciente e inteligente sería bien sencilla. Sí, hagámoslo. Que cada uno elija su destino y cargue con su culpa y su futuro.

La respuesta para el ciudadano consciente pero inconformista, el tonto, es muy distinta. No, esto no puede morir aquí. La desidia y la inconsciencia de toda una nación no va a echarme de mi casa, no va a acabar con el sueño colectivo que muchos ciudadanos conscientes fabricaron desde la nada con su esfuerzo y su ilusión.

Yo me declaro uno de esos tontos. Tonto peligroso e inconformista, si me lo permiten.

Y sé que no estoy sólo.

A los tontos, la falta de aire nos dará aliento, la falta de ayuda agudizará nuestro ingenio, el silencio y el desconcierto harán retumbar nuestra voz.

La empresa será costosa, con momentos duros, con soledad e incomprensión, pero sólo el hecho de luchar conscientemente contra la inconsciencia, habrá valido la pena.

Todo aquel ciudadano que se considere consciente y crítico, el tonto “jode jode” que no sea capaz de mirar hacia otro lado mientras el barco se hunde, que dé un paso adelante definitivamente.

Ha llegado el momento de no poder dejar pasar ni un momento.

Con ese objetivo, desalienador y terapéutico, es con el que emprendo este blog, que tratará de plasmar, negro sobre blanco, las andanzas y “observanzas” de este tonto peligroso e inconformista.

David Junquera Hernández

14-07-2011

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“El Sátrapa y el disfraz”

Blasco auspicia una federación afín de ONG e inmigrantes frente a la coordinadora crítica.

Cuán hermoso era el nuevo disfraz que enagalanaba la noble estampa del viejo Sátrapa.

Había ostentado numerosos trajes y disfraces a lo largo de su dilatada experiencia “política”. Unas veces lisos, otras estampados, algunos coloridos y otros más grises. Nunca le importó la procedencia de sus trajes. Jamás los descartó porque fueran de un color u otro, tuvieran un emblema o el contrario, ó estuvieran hechos a partir de remiendos de otros caducos. En ese sentido, seguramente fue siempre un gran “integrador”.

Sólo le importaba lucirlos con poder, demostrar al resto de la corte que, fuera quien fuera el Emperador (y el actual también gustaba de lucir trajes, pero estos de otro tipo), él seguiría teniendo un papel preponderante en su gobierno, sin importar qué disfraz hubiera de ponerse.

Se vivían tiempos algo convulsos en la Satrapía. Después de muchos años de despótico gobierno del Emperador, la corte y el pueblo comenzaban a estar cansados. Parecía que ya no les bastaran los festejos y actos lúdicos que solía organizar el Emperador para acallarlos. Ni las carreras de cuádrigas ni las competiciones de trirremes distraían su atención…

El pueblo se organizaba y reivindicaba. La fuerza del Emperador estaba en entredicho y el Sátrapa tuvo que salir en su auxilio.

Para esta ocasión se vió obligado a elegir el mejor disfraz. No era el más hermoso, no era el que más nobleza le daría, pero al llevarlo orgulloso y altanero, como siempre solía, podía traerle grandes réditos para ayudar a su amigo el Emperador.

El disfraz elegido era sencillo pero no por ello dejaba de ser excepcional, una auténtica obra maestra de la satrapía y el deshonor.

Había agarrado algunos trapos del establo, tomó prestados jirones de la camisa de un jornalero, se hizo con un cordel en el mercado y, con todo ello, compuso el más sencillo pero complejo disfraz que jamás hubiera creado.

De la noche a la mañana se transformó de villano a héroe del pueblo. Se hacía pasar por uno de ellos. ¡Por uno no, por el mejor de ellos! ¡El más solidario!

Hacía obsequios y regalos aquí y allá. Daba limosnas por doquier. Concedía favores y los conseguía a cambio.

Por fin había conseguido el estatus deseado, su paz. Era ahora cuando podía volver a derrochar su satrapía, sus ánsias de poder.

Aprovechó su fuerza, los favores pendientes de recibir, y su elevada posición para intentar dividir a sus opositores más díscolos. Reunió a unos cuantos y les prometió favores. Disfrazó a algunos de los suyos para infiltrarse y los unió a los primeros. De forma que, cuando los líderes del pueblo elevaron sus voces, apenas consiguieron silenciar el suave arruyo del río sobre las rocas.

¿Había ganado la batalla?

Aun hoy resuenan los tambores, el Emperador sigue perdiendo fuerza y el Sátrapa parece más desgastado que nunca.

El pueblo parece despertar y recela de sus falsas promesas. Se organiza la resistencia.

Pronto llegará el día en que ningún disfraz sea ya suficiente para esconder al Sátrapa.

Llegará pronto el día en que el Sátrapa sea sólo el recuerdo de un disfraz.

Valencia, 21 de septiembre de 2010

David JunqueraHernández

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